Lo primero que la mayoría de gente nos preguntaba cuando empezamos a exponer la idea de nuestro huerto, era precisamente eso ¿qué es un huerto portátil?

Todos tenemos en nuestra cabeza la idea preconcebida de lo que es un huerto y evidentemente lo primero que pensamos es ¿cómo un huerto plantado en el suelo va a ser capaz de moverse? Una planta, una tomatera plantada en una maceta, sí… pero lo que entendemos huerto, una superficie lo bastante extensa para cultivar todo tipo de verduras y hortalizas, no lo creemos posible.

Precisamente la idea de la movilidad nos daba vueltas a la cabeza. Llevábamos años dedicándonos a los huertos escolares en muchos colegios de las afueras de Madrid, donde los niños tienen la posibilidad de disfrutar de grandes patios en los que jugar o realizar cualquier actividad al aire libre. Incluso en muchos de estos privilegiados centros la idea de crear un huerto donde los niños aprendan y se diviertan, refuercen los conocimientos de clase, tengan la gratificante experiencia de cultivar alguna planta y la satisfacción de ver el fruto de su trabajo, no es tarea fácil.

Los inconvenientes que se plantean en este tipo de colegios no es el espacio evidentemente pero sí la dificultad y el arduo trabajo que supone. Para crear un huerto en tierra tenemos que parcelar la zona donde va a ubicarse, picar bien toda su superficie, traer tierra adecuada para mezclarla con la que ya hay...en fin preparar el terreno para el cultivo.

Pretendíamos facilitar todo este proceso y lograr crear un huerto en cualquier centro en unas pocas horas. Otra de las cuestiones que nos interesaba era el poder llevar los huertos a las ciudades, a los centros escolares que desgraciadamente disponen de poco espacio al aire libre, y si lo hay o bien está asfaltado, o bien es incluso una azotea. Queríamos que estos niños tuvieran también la posibilidad de tener contacto con la naturaleza, con el sol, con las plantas, con las frutas y verduras, con la tierra…

Así nació nuestro proyecto, no fue tarea fácil y trabajamos duro hasta conseguir crear un producto que fuera asequible, fácil y rápido de instalar, con ruedas para poder ubicarlo donde mejor nos convenga, adaptable a todo tipo de espacios, con invernadero que lo proteja de los meses más duros del invierno y con armarios donde poder guardar todos los aperos de labranza y tenerlo todo recogido al final de la jornada.

Quisimos llegar aún más allá e incorporamos a nuestro huerto un sistema de aprovechamiento de aguas pluviales, que luego se utilizarán para regar, y una placa solar que recoge la energía necesaria para el funcionamiento del riego por goteo.

Creamos así un huerto totalmente autónomo, que se autoabastece tanto de agua como de energía para su propio funcionamiento, con un sistema automático de riego por goteo que lo convierte en un producto autosuficiente y que soluciona el problemas como el de las vacaciones escolares, porque no es necesario el mantenimiento por ninguna persona, únicamente la simple programación del riego a las horas que creamos conveniente.

De esta manera conseguimos nuestro objetivo: que los niños puedan disfrutar de una relación más cercana con la naturaleza, de plantar sus propias hortalizas, de ver en la práctica muchos de los conceptos aprendidos en clase y afianzarlos, de conocer los sistemas de aprovechamiento de agua y energía, de aprender qué son las energías renovables, cómo y para qué se utilizan… En definitiva de disfrutar, de divertirse, de aprender.

Y el objetivo aún más amplio que todo amante de la naturaleza desea, acercar el campo a las ciudades. Conseguir que todo aquel que disponga de una terraza, una azotea o un pequeño patio, pueda tener su propio huerto dónde cultivar verduras, frutas, plantas aromáticas o un precioso jardín urbano en el que poder disfrutar y relajarse al final de la jornada.

Tuvimos un sueño y estamos encantados de compartirlo con todos ustedes.